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Desde tiempos antiguos, la anatomía ha sido una disciplina fundamental en la medicina y en otras áreas del conocimiento humano. Entre dos modos de ver la danza de un mismo autor del siglo V, Calímaco, el casi quiescente de la tríada de bailarinas de Delfos y el tan dinámico del relieve de Berlín, ya es posible percibir esa intensificación de la expresividad plástica. Con todas las reservas y todas las excepciones a que la vida obliga, cuando se trata de someterla a reglas, regla parece ser, en lo tocante a la vida histórica, que la armonía y la contención de la figuración artística del hombre dominen en los momentos de madurez de una cultura, y que el dinamismo y la desmesura se impongan cuando esa cultura declina o pugna por conquistar una forma nueva. Pero el hombre es hombre no sólo siendo y expresando lo que humanamente es capaz de ser y hacer; también, y en último término, realizando individual e intransferiblemente la genérica condición humana. Siglos más tarde, Galeno verá repetidamente en el canon de Policleto (K. I, 566; IV, 352; V, 449) la adivinación artística del buen orden que en sí mismo posee el cuerpo del hombre, forma cimera de la naturaleza visible52. Porque así lo quiere y lo puede el artista, el cuerpo efigiado es ya plenamente hombre, nada menos que todo un hombre, y con entera evidencia muestra serlo a los ojos del espectador.
Historia de la anatomía
Los poemas homéricos, el pensamiento presocrático, la medicina hipocrática, la antropología biológica de Platón y la de Aristóteles, la anatomía alejandrina y la obra galénica son partes esenciales de la cultura de la Antigüedad clásica. A lo largo de los siglos -hasta Harvey, por lo menos- pugnarán entre sí galénicos y aristotélicos acerca de la prioridad genética del hígado o del corazón. Así el embrión va pasando de una originaria vida vegetativa a otra incipientemente animal.
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La descripción anatomofisiológica debe en consecuencia pasar de la cavidad abdominal a la cavidad torácica. El páncreas (pánkreas) es descrito como cuerpo glanduloso en De venarum arteriarumque dissectione (K. II, 781) y en De usu partium (K. III, 344). Los riñones (néphros), cuya dual situación en el cuerpo recibe oportuna explicación teleológica, los uréteres y la vejiga urinaria son bastante bien descritos por Galeno. La oscura y espesa sangre formada en el hígado es objeto de una primera depuración en el bazo (splēn). La actividad conversiva del hígado es para Galeno tan importante, que no vacila en llamarla poíēsis, neoproducción, y no sólo alloiōsis, transformación (K. III, 299).
Otro tanto cabe decir de las acciones retentivas, conversivas (digestión del alimento, transformación de éste en sangre, etc.) y expulsivas. El hígado es el órgano central de la potencia vegetativa, el corazón, el de la potencia vital, y el cerebro -aquí Galeno está con Alcmeón y Platón, no con Aristóteles- el de la potencia psíquica35. Movido tanto por su lectura de Aristóteles como por su experiencia de médico, Galeno -para quien la conceptuación de la dýnamis fue, a lo largo de su vida, tema constante- introduce en esa básica idea varias importantes precisiones. De modo general, dýnamis (potencia, facultad) es en sus escritos la capacidad de una cosa para ser algo de lo que puede ser, y por tanto para hacer algo de lo que puede hacer, y enérgeia (acto, acción, actividad), lo que la cosa en cuestión está siendo y está haciendo cuando de hecho es eso que puede ser y hacer. En modo alguno; bien claramente nos ha dicho que la esencia de la psykhē humana consiste en la peculiaridad de la krásis humoral del individuo. Galeno se niega a hablar de dos almas, una vegetativa (physikē) y otra sensitiva (aisthētikē); él prefiere decir que las plantas son gobernadas sólo por la phýsis, y los animales simultáneamente por la phýsis y la psykhē, por la naturaleza y el alma; y así, concluye, «el crecimiento y la nutrición son obra de la naturaleza, no del alma» (K. II, 1-2)32.
Hipócrates rechazando los regalos de Artajerjes, en un cuadro de Girodet-Trioson
Vesalius ahora tiene en exhibición, con fines comparativos, los esqueletos de un ser humano junto con los de un mono del que pudo mostrar que, en muchos casos, las observaciones de Galeno eran correctas para el mono, pero tienen poca relación con el hombre. Sus dibujos magníficamente ejecutados son descripciones triunfantes de las diferencias entre perros y humanos, pero la influencia de Galeno tardó un siglo en desvanecerse. Vesalius fue el primero en publicar un tratado, De Humani Corporis Fabrica, que desafió las enseñanzas anatómicas de Galeno, argumentando que se basan en observaciones de otros mamíferos, no en cuerpos humanos. Andreas Vesalius, nacido y educado en Bélgica, fue quien más contribuyó a la anatomía humana. Ninguno de los Cuadernos de Leonardo se publicó durante su vida, muchos se perdieron después de su muerte, con el resultado de que sus descubrimientos anatómicos permanecieron desconocidos hasta que más tarde fueron encontrados y publicados siglos después de su muerte.
La Anatomía en la época moderna
En cambio, esa vinculación se mueve desde el organismo hacia el medio por obra del órgano que aloja la cavidad craneal, el encéfalo, y de los que desde él llegan al resto del cuerpo, la médula espinal y los nervios. Los órganos de las cavidades abdominal y torácica permiten que el medio exterior, bajo forma de alimento y de aire -en cierto modo, también alimento-, contribuya a conservar la vida; la vinculación dinámica entre el organismo y el medio va ahora desde éste hacia aquél. En cualquier caso, las venas no pulsan; la sangre se mueve en ellas atraída por los órganos a que ha de alimentar.
- Por obra del arte de Fidias, la materia broncínea, marmórea o crisoelefantina de las estatuas de los dioses era para el espectador griego, y en cierto modo sigue siendo para nosotros, el cuerpo de un dios hominizado.
- Estaría formado por la coincidente ramificación y el múltiple entrecruzamiento de las arterias y las venas del cuello, y su función consistiría en demorar el tránsito de la sangre antes de que ésta, al llegar a los plexos coroideos de los ventrículos laterales, dé en ellos lugar a la definitiva formación del espíritu animal.
- Galen propuso que el calor del corazón permitía que los pulmones se expandieran e inhalaran aire.En contraste, Galen vio los pulmones como una región de enfriamiento en el cuerpo que también funcionaba para expulsar los productos de desecho de hollín de los pulmones a medida que se contraen.
- Y a esa misma actitud ante la vida humana da expresión fervorosa el himno a la salud que en el filo de los siglos v y IV a.
- Pero estas dos centrales de la dinámica humana no podrían subsistir sin una envoltura que las contenga y proteja.
Los nervios craneales son sensitivos o motores, y a veces una y otra cosa; nervios exclusivamente motores son, en cambio, los que, procedentes de la médula espinal, llegan a los músculos del tronco y las extremidades, para que en su totalidad o en alguna de sus partes pueda desplazarse el cuerpo en el espacio. Y animados por el espíritu animal, desde el cerebro son puestos en actividad los nervios sensoriales, sensitivos y motores, y por tanto las funciones que a ellos respectivamente corresponden. En el cerebro tienen su sede la imaginación, el raciocinio y la memoria, las tres facultades hegemónicas de la vida humana (K. III, 641); ellas son las que permiten hablar de un alma raciocinadora, psykhē logistikē (K. III, 700). Estaría formado por la coincidente ramificación y el múltiple entrecruzamiento de las arterias y las venas del cuello, y su función consistiría en demorar el tránsito de la sangre antes de que ésta, al llegar a los plexos coroideos de los ventrículos laterales, dé en ellos lugar a la definitiva formación del espíritu animal.
Lo cual, naturalmente, no excluye que la psykhē humana, para Galeno, no sea otra cosa que la ousía de la krásis humoral del hombre. Como para Aristóteles, la forma y la función del animal en su conjunto y de cada uno de sus órganos son dos realidades que metódicamente pueden ser consideradas por separado; pero entre ellas hay una anterior unidad fundamental. Lo cual indica que las partes de los animales son unas mayores, otras menores y otras no divisibles en porciones de aspecto distinto (K. III, 1-2).
En su mente, la forma y la función no son sino dos aspectos metódicamente discernibles de la primaria actividad genética y ordenadora de la phýsis. No menos evidente es que el criterio inicial para la conceptuación de la parte es puramente morfológico; es la vista lo que nos permite discernir si una porción del cuerpo tiene o no tiene contorno propio. Es evidente que la distinción aristotélica entre partes similares y partes disimilares u orgánicas perdura en Galeno; luego lo veremos. Pero si cada parte no se hallase en conjunción con las partes próximas, sino enteramente separada de ellas, entonces no sería parte, sino simplemente uno». «Así como un animal cualquiera es llamado uno porque se nos muestra dotado de cierta circunscripción propia y no unido por parte alguna a las demás cosas -escribe al comienzo de De usu partium-, así también decimos que es parte lo que en el animal muestra tener circunscripción propia (perigraphē) como el ojo, la lengua, la nariz y el cerebro. «Comencé mi descripción por la mano -declara abiertamente-, porque ella es la parte más propia de la naturaleza del hombre» (K. III, 88); «órgano el más propio del hombre», la llama en otro lugar (K. IV, 352).
Sólo cuando en el siglo XVI aparezca la Fabrica de Vesalio, sólo entonces galgo santiago perderá su vigencia -y, para muchos, no más que parcialmente-, la descripción galénica del cuerpo humano. Durante muchas décadas se pensó que la disección humana era innecesaria cuando todo el conocimiento sobre el cuerpo humano se podía leer de los primeros autores como Galeno. Debido a la falta de especímenes humanos fácilmente disponibles, los descubrimientos a través de la disección de animales también se aplicaron ampliamente a la anatomía humana. En el período helenístico, la primera escuela de anatomía registrada se formó en Alejandría desde finales del siglo IV hasta el siglo II a.Comenzando con Ptolomeo I Soter, a los funcionarios médicos se les permitió abrir y examinar cadáveres con el fin de aprender cómo funcionaban los cuerpos humanos. Las descripciones escritas de órganos y partes humanos se remontan a miles de años atrás, a los antiguos papiros egipcios, donde la atención al cuerpo era necesaria debido a sus prácticas funerarias altamente elaboradas. Sus dibujos no solo son impresionantes obras de arte, sino que también representan un profundo entendimiento del cuerpo humano y sentaron las bases para una enseñanza más efectiva de la anatomía.
Anatomía galénico-moderna llamará a la suya, bien entrado ya el siglo XVIII, el español Manuel de Porras. Apenas es posible exagerar, por otra parte, la importancia de la anatomía y la fisiología de Galeno en la ulterior historia de la cultura de Occidente. En el sentido antes consignado, él es, en consecuencia, el iniciador de la ciencia anatomofísiológica stricto sensu, el autor del primero de los paradigmas que jalonan la historia de la morfología humana. En Gran Bretaña, la Ley de Tejidos Humanos de 2004 ha reforzado la disponibilidad de recursos para los departamentos de anatomía. Las donaciones de cuerpos han disminuido con la confianza del público en la profesión médica. Es posible hacer esto en uno mismo; en el curso de Biología Integrada de la Universidad de Berkeley, se alienta a los estudiantes a "sobre sí mismos y vincular lo que se les está enseñando a su propio cuerpo.
Por otra parte, la diferencia entre la sangre animal y la venosa es más de grado que de cualidad; no depende de que en aquélla haya neuma vital y neuma natural en ésta, sino de que la cantidad del neuma vital es distinta en una y otra. Habría un neuma natural o vegetativo (pneuma physikón o spiritus naturalis), con su sede central en el hígado, otro vital o pulsífico (pneuma zōtikón o spiritus vitalis), con el corazón como centro, y otro animal o psíquico (pneuma psykhikón o spiritus animalis), formado en el cerebro y agente de la sensación y el movimiento. En el cuerpo animal hay dynámeis para alterar la cualidad de algo, esto es, para transformarlo (alloiōsis), para crecer o decrecer, para el desplazamiento en el espacio y para engendrar o corromperse (lo que corrompe es potente para corromperse, dice Aristóteles); pero es sin duda la transformación, la alloiōsis, el modo del movimiento más propio de los cambios anatomofisiológicos que se dan en el organismo animal. Con esta distinción, ¿quiere decir Galeno que la psykhē del animal, y por extensión la del hombre, no cae dentro de la realidad que los physiológoi presocráticos habían llamado phýsis. Cuando el Pergameno estuvo en Alejandría ya no se disecaban cuerpos humanos, ni vivos ni muertos; es en consecuencia muy probable que Galeno tampoco lo hiciera, y ésta ha sido la opinión tradicional; pero, como hace observar Temkin, un examen atento de los pasajes galénicos en que se habla de disección (anatémnein) impide descartar de modo absoluto esa posibilidad.
